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Protagonista | Boticaria García, doctora en farmacia

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«Debemos ver la información que aportan los influencers como un contenido complementario a todo lo que podemos ofrecer desde la farmacia comunitaria»

Marián García es la persona que se esconde tras la Boticaria García.
Doctora en farmacia, se ha hecho muy popular en nuestro país a través de la divulgación científica y sanitaria que desarrolla colaborando en diversos medios de comunicación, como televisiones y periódicos de alcance nacional. También es autora de un blog donde habla de salud y nutrición que registra más de un millón de visitas mensuales y está presente en Instagram (@boticariagarcia), donde acumula más de medio millón de seguidores. Hablamos son ella sobre una de sus últimas aventuras profesionales, la publicación del libro Radiografía de un cosmético, del que es coautora junto a la también farmacéutica e influencer, Gema Herrerías.

¿Cómo surge la idea de escribir este libro?

La idea surgió de manera espontánea, cruzando un paso de peatones en Sevilla. Gema Herrerías y yo veníamos del laboratorio, donde estábamos desarrollando “Mano de Santo”, nuestra crema reparadora que en ese momento estábamos a punto de lanzar. Mientras cruzábamos íbamos comentando los aspectos legislativos y regulatorios de los cosméticos. Le dije a Gema que me parecía complicadísimo aprender a leer el etiquetado de un cosmético. A ella en ese momento se le encendió la bombilla y dijo: “¡Tengo una idea! Igual que tú escribiste el libro “El jamón de york no existe” para aprender a leer etiquetas de alimentos, podríamos escribir juntas un libro para aprender a leer las etiquetas de los cosméticos…”. ¡Y nos pusimos manos a la obra!

¿Era necesario un libro de estas características?

Pensamos que sí, ya que para muchos consumidores el etiquetado de los cosméticos es lo más parecido a un jeroglífico. Además, los departamentos de marketing de muchas empresas conocen bien los límites de la legislación y llevan la publicidad hacia una peligrosa línea roja que a veces es difícil de identificar. Creemos que es importante hacer fácil lo difícil para ayudar al consumidor a tomar mejores decisiones.

¿Para que público está pensado?

El libro está escrito en un lenguaje sencillo y ameno, por lo que está dirigido a todos los públicos. No obstante, hemos observado que también tiene una gran acogida dentro del sector farmacéutico profesional, ya que muchos compañeros lo utilizan con sus equipos como herramienta para tomar ideas y explicar los conceptos de manera más sencilla a los clientes en el día a día.

En el libro apostáis por la divulgación científica, por enseñar la ciencia de forma entretenida. ¿Qué técnicas habéis aplicado para lograrlo?

Creemos que el rigor no está reñido con el humor, así que en muchas ocasiones hemos tirado de comparaciones, metáforas e incluso canciones. Por ejemplo, comparamos los ingredientes con actores de cine, según sean actores protagonistas, secundarios o actores de reparto. De este modo los retinoides son Brad Pitt (el chico más deseado) pero el Premio Óscar se lo damos a las 4 tortugas ninja, que son los filtros solares.

Uno de los temas que analizáis es la delgada línea que separa el marketing y la ciencia. ¿Se sobrepasa a menudo en la dermocosmética?

Desgraciadamente sí, y esto ocurre con frecuencia. Es habitual que se empleen reclamos del tipo “testado dermatológicamente” o “9 de cada 10 mujeres afirman que…” sin saber exactamente lo que significan. Además, hoy en día triunfa el “marketing del miedo”, esa peligrosa técnica que, por ejemplo, lleva a algunas empresas a usar como reclamo que un producto no lleva parabenos, dando a entender que los productos que sí los contienen son tóxicos, cuando los parabenos que actualmente se emplean son totalmente seguros en las dosis admitidas. Esa falsa creencia de que lo “natural” siempre es más seguro, más eficaz o sostenible es uno de los mitos que desmontamos en el libro. Natural también es la cicuta.

¿Cuál es el nivel de cultura sobre la cosmética en España? ¿Hasta qué punto el marketing influye en el consumidor final?

Existen ciertos sectores “nicho” dentro del consumidor final donde hay verdaderos expertos. Personas muy preparadas, en cierto modo gracias a que han sabido hacer muy buen uso de las redes sociales siguiendo a key opinion leaders basados en la evidencia. Sin embargo, lo más frecuente es que se desconozcan los principios básicos tanto de la ciencia como de la normativa relacionada con los cosméticos. Es necesario haber estudiado mucho para poder profundizar al respecto y que no nos den “gato por hialurónico”.

Tanto tú como Gema Herrerías sois influencers farmacéuticas. ¿Qué ventajas profesionales os ha aportado?

Gema fue pionera y yo ¡ya era su fan cuando ganó el premio a Farmacéutica del Año! Es indudable que las redes sociales abren puertas para crecer tanto en el aspecto profesional como personal. Sin embargo, para mejorar la imagen del farmacéutico lo importante es continuar trabajando en el rigor de todas y cada una de las publicaciones o intervenciones que se hagan. Esta es una de las grandes claves: seguir “hincando los codos” muchos años después de haber dejado la universidad.

¿Crees que el consumidor se deja llevar más por el consejo farmacéutico o por los influencers?

Los influencers, como su propio nombre indica, tienen cierta influencia sobre su comunidad y, en un momento dado, pueden ser incluso sus mayores referentes en la materia. Sin embargo, esto no sustituye en modo alguno al consejo farmacéutico. Debemos ver la información que aportan los influencers como un contenido complementario a todo lo que podemos ofrecer desde la farmacia comunitaria. Es más, desde la farmacia comunitaria es bueno “prescibir” a divulgadores y también es bueno que los divulgadores animen a su comunidad a consultar con su farmacia más cercana para una valoración individualizada cuando corresponda.

¿Qué diferencias existen entre los cosméticos que se venden en la farmacia y en otros canales?

Los cosméticos de venta en farmacia, por lo general, suelen tener una muy buena relación calidad/precio. Por este motivo, son los favoritos de los que pasan horas y horas leyendo literatura científica sobre cosmética e intentando descifrar los jeroglíficos. Tenemos que potenciar este valor.

¿Qué consejos le darías a un profesional de farmacia para ayudarle a posicionarse como experto en dermocosmética?

En primer lugar, la formación: es la base y la clave de todo. Sin una buena formación teórico-práctica sobre cosmética realmente no se puede ser experto. También es necesaria la formación en comunicación para que ese experto pueda demostrar al mundo que lo es mediante sus palabras. La segunda clave sería la constancia: pocas veces las cosas salen como uno quiere a la primera y hay que continuar sin rendirse cuando se ve que realmente existe una oportunidad. En tercer lugar: diferenciarse. Encontrar un estilo propio, unos intereses… y todo aquello que le hace especial frente al resto.

El ultimo capitulo libro trata sobre el futuro de la cosmética. ¿Cómo lo resumirías?

¿En una frase? El futuro de la cosmética pasa por la sostenibilidad.

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Halley
Cistina

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