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Protagonista | Amós García Rojas: «Estoy convencido de que habrá más pandemias en el futuro»

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Médico epidemiólogo y vacunólogo

El Dr. Amós García Rojas, experto en epidemiología y vacunólogo, es presidente de la Asociación Española de Vacunología, jefe de epidemiología del Servicio Canario de Salud (SCS) y miembro del comité permanente de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para Europa desde hace un año. Hablamos con él sobre las causas y la evolución de las enfermedades transmisibles por virus que se están registrando en todo el mundo.

Todos sus tuits (su cuenta de Twitter @agarroj roza los 18.000 seguidores) empiezan con “Calma y paciencia: +Prudencia”. ¿Qué significado tiene para usted?

Es una fórmula que comencé a utilizar durante la pandemia. Calma, porque no estamos ante el fin del mundo, esto se va a solucionar; paciencia, porque no se va a resolver en dos días, pues llevamos más de dos años inmersos en esta situación; prudencia, porque es la madre de la sensatez en todas las intervenciones realizadas frente al covid.

¿Pensó alguna vez que se iba a alargar tanto en el tiempo?

Sabíamos que no iba a ser corta, pero tampoco creímos que duraría más de dos años y medio tal y como está ocurriendo. Es la consecuencia de trabajar en un mundo tan globalizado como el actual, por lo que es inevitable que aparezcan nuevas enfermedades transmisibles. Además, sabemos que seguiremos sufriendo problemas de este tipo en el futuro.

España es uno de los países más lentos a la hora de hacer desaparecer las medidas preventivas contra la Covid-19, como el uso de la mascarilla en el transporte público. ¿A qué se debe que existan políticas tan diferentes entre los países de nuestro entorno?

Convendría comprender que España es el país que ha logrado la mejor tasa de cobertura vacunal contra la Covid-19 de prácticamente todo el mundo, no solo en Europa. Esto es indicativo de dos temas fundamentales: en primer lugar, que el sistema sanitario tiene músculo y que los profesionales que le dan vida han hecho un ejercicio brillante de responsabilidad; en segundo lugar, que tenemos una ciudadanía magnífica que ha demostrado que lo lógico en una situación de crisis es seguir las recomendaciones sanitarias y desmarcarse de foros alejados del conocimiento científico. Por tanto, considero que hemos hecho un gran trabajo entre todos.

Por otro lado, no creo que el debate sea si hay que llevar mascarillas en el transporte público o en centros sanitarios. Lo primordial en este momento es conseguir la mayor cobertura posible en la segunda dosis de refuerzo, empezando por los mayores de 80 años y siguiendo con las personas de más de 60 años y los inmunodeprimidos.

El invierno va a ser clave en la lucha contra la pandemia. Teniendo en cuenta que el virus todavía sigue transmitiéndose, soy partidario de que se mantenga la mascarilla en aquellos ámbitos donde es más fácil contagiarse, por lo menos hasta que pasen los meses de frío y podamos valorar si, como todo parece indicar, que el fin está realmente cerca.

El uso de las mascarillas es solo un ejemplo de la discordancia en las medidas que se han tomado y la confusión que han creado en la ciudadanía.

Es evidente. Lo fundamental en las situaciones de crisis sanitarias es que haya una voz única y una unidad clara en el discurso, y es lo que desgraciadamente no se ha dado por los intereses propios de cada nación. Por tanto, es entendible que aparezcan discursos diferentes, aunque no debería ser la lógica de intervención durante una pandemia.

¿Se refiere a que debería de haber primado la lógica sanitaria?

Exactamente.

Comentaba que nos seguiremos enfrentando a este tipo de enfermedades y efectivamente, durante los últimos meses, han aparecido numerosas informaciones sobre diferentes virus: la viruela del mono, casos de hepatitis infantil, noticias sobre casos de Marburgo en África… ¿Se debe a que existe una mayor sensibilización sobre estos temas o realmente se están disparando los casos sobre enfermedades causadas por virus?

Estamos más sensibilizados ante determinados problemas transmisibles propios de otros ámbitos geográficos que, de repente, aparecen en el nuestro o ante aquellos que se daban en países con un menor nivel de desarrollo y que ahora se trasladan al primer mundo. Cuando afirmo que esto va a seguir ocurriendo lo hago en función de tres factores.

En primer lugar, estamos en un contexto de calentamiento global, que influye de manera decisiva en modificar el nicho ecológico de los microorganismos, por lo que tiene un impacto claro sobre la posibilidad de encontrarnos con nuevos problemas transmisibles.

En segundo lugar, la pobreza. La diferencia entre países ricos y pobres cada vez es más insostenible y la escasez de recursos económicos constituye un caldo de cultivo para las enfermedades transmisibles en forma pandémica. Pensar que estos asuntos pueden quedar vinculados exclusivamente a ciertos ámbitos geográficos en un mundo globalizado como el actual no solo es una injusticia tremenda, sino que representa una necedad.

Por último, hay que recordar que este tipo de enfermedades son zoonosis, es decir, aquellas que pasan de los animales a los humanos, lo que lleva al concepto de Una sola salud que la OMS está intentando poner permanentemente sobre la mesa. Se basa en defender un enfoque unificador que integre salud humana, salud animal y salud ambiental. Este concepto tiene cada vez un mayor peso y es impensable que podamos escapar de estas situaciones si no actuamos frente a dicho triple desafío.

¿Qué probabilidades hay de que vivamos en los próximos años una nueva epidemia o incluso una pandemia?

No sé si será en los próximos años, pero estoy convencido que habrá más pandemias en el futuro por todos los elementos que ya he comentado.

Hablábamos antes de la viruela símica, que se ha declarado como emergencia de salud pública internacional. ¿Cómo está evolucionando en España y en el resto del mundo?

En Europa ha evolucionado de forma positiva. Estamos en un descenso marcado del número de casos y si hacemos las cosas bien, con la vacunación y el discurso preventivo, podremos conseguir que esto pase rápidamente a la historia. Aunque no está ocurriendo así en América, donde los casos están creciendo.

Se trata de una enfermedad que comenzó hace muchos años en África y, sin embargo, ha aparecido de repente de forma simultánea en diferentes países desarrollados. ¿Existe alguna explicación?

Ojalá lo supiéramos. De hecho, es uno de los elementos que hacían complicado su abordaje porque se trata de una enfermedad transmisible nueva que aparece al mismo tiempo en varios puntos del mundo. Afortunadamente, se ha consolidado como un brote epidémico que al parecer ya está resolviéndose en Europa.

Tal y como ocurre con la viruela del mono, siguen registrándose casos de hepatitis infantiles de origen desconocido en diferentes partes del mundo. ¿Cuál es su evolución?

Desconozco la etiología que ha causado este brote, pero forma parte del escenario social de excesiva sensibilización con respecto a las enfermedades transmisibles. Lógicamente, una de las consecuencias de la pandemia ha sido el miedo, pero al mismo tiempo forma parte de algo que va a ser habitual en nuestra convivencia hasta que estos hechos no se afronten de manera global.

Acaba de cumplir un año como miembro del Comité Permanente de la OMS. ¿Cómo definiría la experiencia vivida hasta la fecha?

Ha sido tremendamente positiva, porque me ha permitido compartir debates científicos muy relevantes y de mucha intensidad con compañeros de profesión y, al mismo tiempo, porque me ha dado la posibilidad de tener una visión de los problemas de salud a nivel mundial. Son los aspectos más positivos que valoro de esta etapa hasta la fecha y me reafirman en la convicción de que es una entidad absolutamente necesaria.

¿Cuáles son los objetivos prioritarios en los que se está trabajando desde la organización?

Yo formo parte del Comité Europeo, donde se incluyen también países que formaban parte de la ex Unión Soviética, que tienen unas características muy diferentes a las del viejo continente. Básicamente se trata de hacer un contexto global de intervención en problemas que no afecten a un determinado ámbito, sino a nivel general, lo que requiere canalizar y agrupar las dificultades que afectan a todos. Desde luego, no es una tarea fácil, pero es un trabajo necesario.

Una de las políticas que están defendiendo desde ese organismo es la necesidad de impulsar una sanidad global de cara a futuras amenazas para la salud. ¿Es realmente la forma más efectiva de afrontarlas?

Estoy convencido que sí, como también lo estoy, por ejemplo, de que el proyecto Covax que quería implantar la OMS era brillante. El propósito era crear una plataforma única de compras que garantizase una equidad en la llegada de la vacuna contra la Covid-19 a todos los países del mundo. Desafortunadamente, cuando aparecieron las primeras dosis, los países más ricos lo ignoraron. Olvidamos que para resolver una emergencia sanitaria que nos afecta a nivel local es necesario buscar una solución global.

Llevar a cabo esa idea a nivel político es muy complicado. ¿Considera que es viable?

Es difícil, sobre todo porque los países desarrollados adquieren productos para ellos, como hizo la Unión Europea con su central de compras. Pero poco a poco tenemos que concienciar que no es suficiente, no vale que el mundo rico se salve y se olvide del pobre, porque en él están los problemas de salud que debido a la globalización van a llegar también a nosotros.

Dentro de la hipótesis de una futura pandemia que pueda volver a ocurrir, ¿la OMS tiene en consideración qué papel podría tener la farmacia?

No es un asunto que esté en el debate, de igual manera que no lo está el papel que tengan que desarrollar los médicos o los profesionales de enfermería. Se habla de salud a nivel global, y desde esa perspectiva se pone el foco en los elementos que consideramos que son favorables para intervenir sobre esa cuestión en cada país. A partir de ahí, cada uno debe diseñar la estrategia que considere oportuna.

También se defiende desde la OMS una sanidad gratuita y universal. Después del varapalo que ha recibido la sanidad por la pandemia, ¿considera que es una idea real a nivel global?

En España afortunadamente la sanidad es casi universal y gratuita, pero no es así en todos los países, ni siquiera en Europa. Por ejemplo, el modelo sanitario que quiso implementar Obama en Estados Unidos le dio unos disgustos tremendos, aunque no era nada revolucionario, ni modificaba de forma sustancial la realidad que existía. Este es un ejemplo de que no es fácil en determinados contextos, porque hay naciones en las que sectores amplios de la población no conciben que se utilicen los impuestos como una medida para cubrir las prestaciones de todo el mundo.

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