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Planeta salud pública / El valor del profesional de farmacia | Los medicamentos falsificados no llegan a los canales de distribución oficiales en España

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Lainco
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Aunque en España no se han encontrado medicamentos falsificados en el canal legal de suministro, lo cierto que este mercado ha logrado introducirse no sólo aquí, sino también en la práctica totalidad de los países desarrollados, donde ha experimentado un importante crecimiento en los últimos años debido a las nuevas tecnologías.

Como afirma Pablo Caballero, farmacéutico del área de Divulgación Científica del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos (CGCOF), “al tratarse de un mercado ilegal, las cifras son siempre aproximaciones en función de las incautaciones que se realizan. En cualquier caso, el número de medicamentos falsificados desgraciadamente va en aumento. Pero, sobre todo, más que la magnitud en cuanto a la cantidad o el impacto económico, preocupa la amenaza que representan estas prácticas ilegales para la salud pública”.

Sin duda, el mayor problema del consumo de estos fármacos son los graves problemas que pueden originar en los pacientes dependiendo del contenido de cada producto. “Puede suceder que presenten dosis diferentes a las declaradas (más altas o más bajas), principios activos diferentes a los declarados o incluso carecer de principios activos, y, dado que no se trata de medicamentos de curso legal, tampoco es posible asegurar que hayan sido fabricados cumpliendo las medidas exigibles de calidad a las que se somete el proceso de fabricación de cualquier medicamento legal (incluyendo el cumplimiento de las normas de calidad, las Buenas Prácticas de Fabricación y de Distribución y las inspecciones pertinentes), por lo que pueden contener compuestos potencialmente peligrosos para la salud”, añade este farmacéutico.

Actualmente, en los países desarrollados las falsificaciones se concentran básicamente fuera de los canales legales de distribución. Además, en la mayoría de los casos, se captaron pacientes gracias a la promoción de fármacos de gran demanda relacionados con el estilo de vida, como tratamientos para la obesidad, disfunción eréctil, tabaquismo, trastornos del sueño o anabolizantes hormonales para aumentar el rendimiento deportivo o la masa muscular, entre otros. Este fenómeno también ocurre en España: “según las cifras de la última memoria de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), los medicamentos ilegales más habituales son los anabolizantes, productos para la disfunción eréctil y adelgazantes. En general, tanto los medicamentos ilegales como los falsificados centran su atención en este tipo de problemas –caída de pelo, obesidad, etc.– y en fármacos que precisan de receta, como una solución ante la dificultad de conseguirla”, explica Pablo Caballero.

¿Qué provoca las falsificaciones de medicamentos?

La falsificación de fármacos tuvo un punto de inflexión en 2020 debido a la pandemia de la Covid-19. Se disparó la demanda de productos de higiene y protección personal y hubo empresas que vendieron de forma ilegal artículos falsificados y de calidad subestándar, desde mascarillas higiénicas hasta medicamentos contra en coronavirus.

Ese año la INTERPOL coordinó una operación a escala mundial para combatir la venta online de productos sanitarios falsificados e ilegales llamada Pangea XIII, que se saldó con más de 34.000 productos de salud confiscados. En 2021, la operación Pangea XIV se cerró con la incautación de productos médicos ilícitos por un valor de más de 23 millones de dólares y permitió la eliminación de 113.020 sitios web, el número más elevado desde la primera operación Pangea en 2008.

En 2022, según el Consejo General de Colegios Farmacéuticos (CGCOF), los países de la Unión Europea notificaron principalmente medicamentos (antivirales, medicinas a base de plantas y tratamientos contra la malaria del tipo de la cloroquina) y material sanitario (mascarillas, desinfectantes, falsos kits de detección del coronavirus, guantes y ventiladores) e higiénico (desinfectantes de manos, geles, jabones y toallitas de calidad subestándar).

Además de ciertas causas concretas, como la provocada por la pandemia, también existen otras estructurales que potencian este mercado ilegal. Entre ellas destacan los factores económicos y jurídicos, así como la aparición de nuevos canales de distribución a través de Internet, que han acabado creando un caldo de cultivo idóneo para que se establezcan organizaciones criminales internacionales. También se ha visto impulsado por la tendencia a la automedicación de muchos pacientes, donde pueden acceder a medicamentos sin receta a través de la web sin ser conscientes del peligro que conllevan. “Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más del 50% de las medicinas compradas por Internet que ocultan su verdadera dirección son falsificadas”, puntualiza Caballero.

En España, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) es el organismo que lidera a nivel sanitario la lucha contra los medicamentos y productos farmacéuticos falsificados. Con este fin, ha diseñado unos indicadores para medir el grado de cumplimiento de sus objetivos. Entre ellos se encuentran: actividades de formación realizadas sobre medicamentos falsificados; comunicaciones de sospechas de actividades de falsificación de medicamentos recibidas e investigadas; alertas de medicamentos falsificados emitidas y transmitidas a las redes internacionales; actuaciones desarrolladas conjuntamente con otros agentes implicados; páginas web investigadas y cerradas, suspendidas o modificadas; comunicaciones de robos recibidas, procedimientos conjuntos desarrollados y campañas informativas dirigidas a los ciudadanos.

El resultado de este trabajo está siendo muy positivo. En palabras de Pablo Caballero, “en 2022, la AEMPS llevó a cabo 336 actuaciones en colaboración con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, juzgados y otros agentes. En cuanto a las actuaciones de venta online de medicamentos, se investigaron 65 páginas web y 383 productos que se anunciaban en plataformas y redes sociales”.

A esto se suman colaboraciones a nivel internacional de las autoridades españolas, por ejemplo, a través de una participación activa en el Mecanismo de Estados Miembros de la OMS sobre productos medicinales de calidad subestándar y falsificados o con la Convención MEDICRIME del Consejo de Europa, que se centra específicamente en la amenaza que representa para la salud pública la falsificación de productos médicos.

El papel del farmacéutico comunitario

El hecho de que en España no se hayan detectado medicamentos falsificados en el canal legal demuestra que las acciones llevadas a cabo para impedirlo son efectivas. Entre ellas, destaca el papel del farmacéutico comunitario, cuyo trabajo es fundamental para garantizar la salud pública.

Como afirma Caballero, “las farmacias sirven de garante de la calidad, seguridad y eficacia de los medicamentos, y los farmacéuticos proporcionan, además, la información necesaria para que su uso sea el adecuado. A esto se unen los sistemas de verificación como SEVeM (Sistema Español de Verificación de Medicamentos), que hacen muy difícil que las falsificaciones puedan introducirse en los canales legales de dispensación (es decir, a través de las farmacias comunitarias y hospitalarias).”

Además, la normativa vigente establece que sólo las medicinas sin receta pueden acogerse a la venta telemática, siempre dispensadas y con intervención directa del farmacéutico. Este servicio únicamente puede ser prestado por las farmacias legalmente autorizadas que se encuentran en el listado publicado por la AEMPS (Distafarma). Para incrementar la seguridad del paciente, el transporte de los medicamentos es responsabilidad del farmacéutico titular. Como matiza Caballero, “se debe desconfiar de productos que puedan encontrarse en otras páginas web, pues probablemente se tratará de medicamentos ilegales”.

Otra vía que podría facilitar la entrada de estos productos en la cadena de distribución sería la logística inversa. Esto se produce cuando los pacientes devuelven algún medicamento a la farmacia comunitaria, ya sea por un error o porque el usuario haya detectado algún daño provocado en el transporte. En estos casos, las devoluciones siempre se destruyen.

Otra baza fundamental para luchar contra esta lacra es suministrar información veraz al consumidor para que pueda detectar anomalías. En este sentido, la labor del farmacéutico a la hora de formar e informar es de especial valor debido a su cercanía con los pacientes, asesorando sobre la importancia de comprar medicamentos sólo a través de los canales legales. “Siempre es conveniente advertir a la población de los riesgos de adquirir productos destinados a un problema de salud sin un consejo previo por parte de un profesional sanitario y a través de páginas web en las que no es posible conocer al fabricante ni al distribuidor. Los medicamentos dispensados a través de la oficina de farmacia sí cumplen todas las exigencias de calidad y son seguros utilizados en la dosis y pautas prescritas”.

Actualmente, en los países desarrollados las falsificaciones se concentran básicamente fuera de los canales legales de distribución. Además, en la mayoría de los casos, se captaron pacientes gracias a la promoción de fármacos de gran demanda relacionados con el estilo de vida

Como recoge el Punto Farmacológico nº163 editado por el CGCOF, “La falsificación de medicamentos: un desafío sanitario para la Farmacia”, en este sentido existen asociaciones profesionales –como la FIP (Federación Internacional de Farmacéuticos) o la Asociación Europea de Farmacéuticos Hospitalarios (AEFH)– que han desarrollado algunas recomendaciones dirigidas a farmacéuticos. Entre ellas se encuentran:

  • Hacer una cualificación de todos los proveedores previa a la compra de medicamentos y productos sanitarios, sean fabricantes, importadores o distribuidores.
  • Asegurarse que los distribuidores cuentan con un certificado que acredite el cumplimiento de las BPD y que haya constancia de que lo hacen rigurosamente.
  • Advertir a los pacientes sobre los peligros de comprar medicamentos a través de internet.
  • Detenerse a examinar los productos en busca de apariencia sospechosa.
  • Formarse e informarse sobre los riesgos de los medicamentos falsificados.
  • Monitorizar las alertas de productos sospechosos.
  • Trabajar junto a la industria farmacéutica y la administración para cerrar las brechas en la cadena de suministro.
  • Colaborar para la mejora de la trazabilidad de los medicamentos desde la prescripción a la administración.
  • Reportar medicamentos sospechosos a las autoridades.

En definitiva, se trata de un grave problema de salud pública que ya se ha instalado en los países de la Unión Europea, incluida España. Sin embargo, gracias a las medidas de seguridad implementadas por las autoridades sanitarias y al papel crucial desempeñado por diversos profesionales de la salud, entre los que se encuentran los farmacéuticos, estos productos no han penetrado en los canales de distribución legales. Aun así, es necesario seguir buscando fórmulas que ayuden a erradicarlo. Medidas como la colaboración internacional o el Sistema Español de Verificación de Medicamentos son ejemplos de iniciativas que están logrando avances significativos en la detección y prevención de este problema.

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Halley
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