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Aunque tradicionalmente la obesidad se ha asociado al consumo de alimentos con un alto contenido en grasas y azúcares junto con la falta de actividad física, actualmente las sociedades científicas apuntan a que se trata de una enfermedad mucho más compleja en la que intervienen múltiples factores, como la predisposición genética, posición socioeconómica o estilo de vida, a lo que se une el entorno obesogénico actual, que influye negativamente a la hora de adoptar estilos de vida saludables.

Esto implica un abordaje multidisciplinar de esta enfermedad que permita evaluar los casos de forma individual para aplicar el tratamiento más efectivo, que además de incluir el fomento de un estilo de vida saludable y modificar las conductas perjudiciales para la salud, también podría necesitar otro tipo de apoyos.

Entre las medidas no farmacológicas, diseñar una dieta y un programa de ejercicios adecuados a las necesidades del individuo, junto a la modificación de hábitos, puede implicar una pérdida del 5-7% del peso corporal, que en muchos casos es suficiente para lograr una mejoría en la salud del paciente. Sin embargo, cuando no se ha logrado ese objetivo después de haber cumplido todas las pautas descritas durante un periodo de entre 3 y 6 meses, se puede optar por recurrir a otro tipo de tratamientos, como los farmacológicos o incluso cirugía en los casos más graves, aunque siempre deben de ir acompañados de cambios en el estilo de vida para que puedan prolongarse en el tiempo.

Tratamiento farmacológico

Felipe Mozo Alonso, farmacéutico, nutricionista y Vocal de Alimentación en el Colegio de Farmacéuticos de Cádiz, aclara que “actualmente en España hay disponibles dos principios activos con indicación terapéutica para el tratamiento de la obesidad: orlislat y liraglutida”. Según este profesional, “orlislat es un inhibidor potente, específico y de larga acción de las lipasas gastrointestinales; actúa evitando que algunas de las grasas de los alimentos consumidos se absorban en el intestino. La liraglutida es un análogo de una hormona de origen natural llamada péptido-1, similar al glucagón (GLP-1), que se libera en el intestino después de comer; este medicamento actúa sobre los receptores del cerebro controlando el apetito y ayudando a comer menos y a reducir el peso corporal”.

A pesar de que algunos estos fármacos están demostrando ser efectivos en la reducción de peso y han ganado una gran popularidad gracias debido a su promoción por parte de influencers en las redes sociales, es importante destacar que no son recomendables para todo el mundo.

“Orlistat está indicado junto con una dieta hipocalórica moderada para el tratamiento de pacientes con un índice de masa corporal (IMC) mayor o igual a 30 kg/m2, o en pacientes con sobrepeso (IMC≥ 28 kg/m2) con factores de riesgo asociado. Por su parte, la liraglutida se utiliza para perder peso junto a una dieta adecuada y la realización de ejercicio en adultos de más de 18 años con un IMC de 30 kg/m2 o superior (obesidad), o un IMC de 27 kg/ m2 y hasta menos de 30 kg/ m2 (sobrepeso) y problemas de salud relacionados con el peso (diabetes, hipertensión, etc.)”, matiza Mozo Alonso.

Pese a estas indicaciones, la alta demanda de los medicamentos análogos de GLP-1 ha provocado problemas en su suministro puntuales en España desde finales de 2022 que continúan actualmente. “Desde CISMED (Centro de Información sobre Suministro de Medicamentos) se detecta en tiempo real las situaciones generalizadas de suministro irregular de medicamentos. La semaglutida de 1 mg se encuentra entre los 10 primeros medicamentos con más problemas de suministro. Por ello, la AEMPS actualiza las recomendaciones a los médicos prescriptores para hacer frente a este desabastecimiento, y recuerda la importancia de ceñirse a la indicación recogida en ficha técnica”, aclara el Vocal de Alimentación del COF de Cádiz.

En este sentido, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) aboga por priorizar los tratamientos para mejorar el control glucémico en adultos con diabetes mellitus tipo 2, recordando a los facultativos que existen otras opciones terapéuticas para la pérdida de peso.

Asimismo, no hay que olvidar que el uso de estos fármacos de forma indiscriminada puede conllevar problemas de salud en los pacientes. En este aspecto, Mozo Alonso considera que la farmacia comunitaria puede tener un papel importante para evitarlos.  “En el caso de estos nuevos medicamentos, es necesaria la implantación de servicios de control, adherencia y seguimiento para estos pacientes. Estos fármacos provocan una reducción general del apetito, lo que se traduce en una menor ingesta calórica y por consiguiente una reducción de peso. En una reducción de ingesta calórica, se aumenta el riesgo de malnutrición, causada por un consumo insuficiente, desequilibrado o excesivo de los macronutrientes (hidratos de carbono, proteínas y grasas) y los micronutrientes. Por ejemplo, en pacientes mayores con obesidad que estén utilizando estos análogos GLP-1, y tenga una ingesta insuficiente de aporte proteico, pueden sufrir una pérdida de masa muscular y por consiguiente existe riesgo de sarcopenia”.

Cirugía de la obesidad

Cuando ninguno de estos métodos (dieta, ejercicio físico, terapia conductual y/o tratamiento farmacológico) ha obtenido los resultados esperados, el médico puede recomendar en última instancia la cirugía bariátrica. Se recomienda únicamente en casos de obesidad mórbida con IMC superiores a 40 kg/m2 (mantenido más de 3-5 años) y en los que el tratamiento médico no ha funcionado tras al menos un año; o bien cuando el IMC es superior a 35 kg/m2 y se asocia a comorbilidades graves para el paciente.

El objetivo de esta operación consiste en reducir la mortalidad asociada a la obesidad, controlar las patologías relacionadas con la misma y mejorar la calidad de vida.

El papel del farmacéutico comunitario

El papel del farmacéutico como el profesional sanitario más cercano y accesible para la población es crucial en la promoción de la prevención, la detección temprana de factores de riesgo y signos de alerta, y en la consecución de los objetivos del proceso terapéutico. Además, gracias a sus conocimientos sobre alimentación y nutrición, puede ofrecer consejos valiosos para la prevención primaria de la obesidad, haciendo uso de la confianza que le tienen sus clientes para brindarles orientación sobre hábitos nutricionales y de estilo de vida.

Es esencial destacar que el farmacéutico debe advertir a los ciudadanos sobre los riesgos asociados con el uso de productos y tratamientos no regulados para perder peso, como los productos «milagro», y advertir sobre las razones por las que pueden ser perjudiciales para la salud. Además, debe proporcionar orientación sobre la selección de dietas adecuadas y seguras, y desmitificar conceptos erróneos relacionados con la alimentación y la pérdida de peso.

En términos de educación sanitaria, este profesional sanitario también desempeña un papel importante en la promoción de un estilo de vida activo y la recomendación de ejercicio físico como parte integral de la gestión del peso. Asimismo, puede proporcionar información sobre el uso seguro y eficaz de medicamentos antiobesidad, así como realizar un seguimiento para garantizar la adherencia al tratamiento y minimizar los riesgos asociados.

Con respecto a cómo abordar la comunicación con los pacientes para mejorar el proceso, el último boletín farmacoterapéutico INFAC, “Fármacos para la obesidad”, elaborado por profesionales sanitarios de la Comunidad Autónoma del País Vasco, destaca que es fundamental esclarecer previamente las posibles dudas y malentendidos que puedan existir, por lo que es importante comunicarles una serie de hechos antes de empezar el tratamiento. Entre estos destacan aclararles que la respuesta individual a estos fármacos es muy variable; que hay que establecer objetivos de reducción de peso realistas; advertir que una vez que se ha obtenido el efecto terapéutico máximo, se alcanza una meseta y la pérdida de peso se detiene, lo que podría implicar utilizar estrategias adicionales para una mayor pérdida de peso; y que cuando se finaliza el tratamiento farmacológico es esperable una recuperación del peso, por lo que es importante distinguir entre perder peso y mantener la pérdida de peso.

“El farmacéutico comunitario debe tener un papel fundamental en programas de prevención y salud pública, y la obesidad, desde hace tiempo, se ha convertido en un problema de salud pública. La farmacia comunitaria aporta continuidad asistencial (control y seguimiento) con los pacientes, y está es la base principal para poner en marcha programas que luchen contra la obesidad en España”, concluye Mozo Alonso.

Radiografía de la obesidad en España
 
Desde hace más de dos décadas, España arrastra un problema creciente de sobrepeso y obesidad entre la población. Según los datos recopilados en la Encuesta Europea de Salud 2020, el 53,6 % de los adultos españoles presenta un exceso de peso (el 16 % sufre de obesidad, mientras que el 37,6 % tiene sobrepeso).
 
El análisis revela importantes diferencias entre géneros, con un mayor porcentaje de hombres afectados (el 61,4% supera el peso recomendado) en comparación con las mujeres (46,1%).
 
La situación también es preocupante en el ámbito infantil. El Estudio de ALimentación, Actividad física, Desarrollo INfantil y Obesidad en España (ALADINO), publicado en 2019, indica que un 17,3 % de los menores entre 6 y 9 años son obesos, y que un 40,6 % tiene un exceso de peso.
 
Si se mantienen las tendencias actuales, según el Atlas Mundial de la Obesidad 2023 editado por la Federación Mundial de Obesidad, se estima que la prevalencia de la obesidad en España en 2035 afectará al 37% de los españoles. Este aumento se ve especialmente acentuado en la población infantil, donde se espera un incremento del 2,5% anual hasta dicha fecha.
 

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Halley
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