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Nutrición | Probióticos y prebióticos en la lactancia

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Dra. Laura Isabel Arranz. Doctora en nutrición, farmacéutica, dietista-nutricionista

Tener una buena alimentación ya desde edades tempranas es básico para garantizar la mejor salud en la infancia y en la edad adulta. Cada vez más, estamos más concienciados de ello, y es algo que ha impulsado el desarrollo y la comercialización de diferentes tipos de productos alimentarios con propiedades beneficiosas para la salud y dirigidos a todos los grupos de edad. También las fórmulas para leches específicas para lactantes han mejorado mucho en los últimos años y ahora ponen el foco en los beneficios nutricionales de incorporar sustancias prebióticas y ciertas cepas de probióticos.

En los años noventa, en Japón, se empezaron a utilizar alimentos especialmente formulados para fines de salud (los llamados ‘Food for Specified Health Use”, también conocidos por su abreviatura FOSHU) y ese fue el inicio también de la adición de prebióticos en fórmulas infantiles incluyéndolos dentro de ese concepto de estrategia de salud pública. En el caso de las leches infantiles, el desarrollo y la innovación se ha hecho a partir de lo que está establecido en su normativa y a partir de los nuevos datos que se han obtenido sobre la composición y beneficios de la leche materna. Así, ingredientes nutricionales funcionales importantes que se han incorporado en muchas fórmulas incluyen los ácidos grasos omega-3, vitaminas, minerales, nucleótidos, fibras prebióticas y algunas cepas de bacterias probióticas.

El mercado de prebióticos y probióticos, en general, se encuentra en expansión en Europa pese a su contexto normativo limitado en cuanto a la publicidad de sus propiedades. Gracias al conocimiento de los efectos beneficiosos de la leche materna en la microbiota de los lactantes se ha planteado el estudio de su uso en leches de fórmula y otros alimentos infantiles con el fin de igualar al máximo estos productos alimentarios al “patrón oro” de la leche materna.

La seguridad de los probióticos, y también de los prebióticos, se ha revisado ampliamente y son productos que deben cumplir con el nivel de seguridad alimentaria que exige la normativa. En este sentido el efecto adverso más habitual que podría darse con el uso de prebióticos, como ciertos oligosacáridos o fibras, es cierto malestar intestinal que incluye en algunos casos hinchazón, flatulencia y diarrea. Es por ello por lo que resulta imprescindible proponer fórmulas con las dosis adecuadas a la edad de los más pequeños con los mejores ingredientes.

NACIMIENTO Y MICROBIOTA

Desde el nacimiento nuestra microbiota se va conformando hasta alcanzar cierta “madurez”, aunque bien es cierto que ésta va cambiando durante toda la vida. El microbioma del lactante está influenciado por su dieta, el medio ambiente y el microbioma materno.

El hecho de nacer a través de la vía vaginal o por cesárea trae consigo diferencias en cuanto a la flora que coloniza al neonato.
En el caso de que el parto sea vaginal, las primeras bacterias que va a adquirir son las propias del canal del parto de la madre (bacterias vaginales y también intestinales), este tipo de bacterias que proporciona el canal del parto son más resistentes en el intestino y lo preparan para una mejor salud futura. Sin embargo, en el caso de la cesárea, las bacterias que colonizarán al recién nacido serán las de la piel de la madre y las del ambiente de quirófano, además de que dependerá de la manipulación del neonato al nacer. En este caso tanto los nacidos por cesárea como los bebés prematuros y/o los que han sido expuestos a antibióticos en el periodo perinatal o postnatal tienen un retraso en la colonización de la microbiota comensal del intestino, motivo por el cual tienen más probabilidades de que puedan aparecer disbiosis en el intestino neonatal; además suele producir una menor colonización de bacterias intestinales que puede dar lugar a una peor regulación inmunitaria del pequeño, promoviendo la aparición de posibles alergias.

La microbiota desempeña un importante papel en los cólicos del lactante y en multitud de patologías que afectan a los bebés prematuros. Sin embargo, existen muchas situaciones en las que la lactancia materna es inviable (enfermedad materna, problemas de higiene, necesidad de alimentación intravenosa, contexto laboral, preferencia de la madre, etc.). De aquí surge la importancia de que la industria pueda ofrecer productos seguros, eficientes y nutritivos a las madres y a los profesionales de la salud como alternativa.

En la imagen 1, se muestran los resultados de un estudio realizado en Suecia donde se aplicó el análisis metagenómico en muestras fecales de una gran cohorte de bebés y sus madres. Caracterizaron el microbioma intestinal durante el primer año de vida y se evaluó el impacto del modo de parto y la alimentación en el momento de éste. La microbiota intestinal de los bebés nacidos por cesárea mostró un parecido significativamente menor con sus madres, comparados con los que los que habían nacido por vía vaginal. La nutrición, por lactancia materna o mediante fórmula, tuvo un impacto importante en la composición y función de la microbiota temprana. La composición de la microbiota tenía características distintivas en cada etapa muestreada de acuerdo con la maduración funcional del microbioma. Se concluyó que la microbiota intestinal es fundamental para la salud humana, aún así los hallazgos establecen un marco para comprender la interacción entre el microbioma intestinal y el cuerpo humano en la vida temprana.

Queda constancia de que la lactancia materna es un gran paradigma que demuestra la influencia de la alimentación en la formación de la colonia microbiana que aparecerá en dicho individuo, y es, probablemente, el vehículo principal de microorganismos beneficiosos de la madre al bebé. Destacar que en la leche materna se han identificado un grupo variado de oligosacáridos no digeribles que constituyen un tercio de los componentes de ésta: glicanos no digeribles ni absorbibles en el intestino delgado que transitan intactos hasta el colon, donde nutren a grupos específicos de bacterias, promoviendo el crecimiento selectivo de los miembros del género Bifidobacterium. Este grupo bacteriano degrada los glicanos produciendo ácido láctico que el anfitrión puede utilizar como fuente de energía. Además, generan un medio ligeramente ácido que inhibe la proliferación de otros microorganismos patógenos. Bifidobacterium sp es uno de los mayores géneros saprófitos del colon humano y su presencia está relacionada con mejores digestiones y menos incidencia de alergias y piel atópica entre otras afecciones.

SUPLEMENTACIÓN CON PROBIÓTICOS Y PREBIÓTICOS EN EL EMBARAZO

La administración de probióticos y prebióticos a las madres durante el embarazo y/o lactancia, concretamente con β-glucanos, parece modular positivamente la respuesta inmune y la producción de metabolitos. Los glucanos no digeribles estimulan la colonización por organismos probióticos, influyen en la inmunidad de las mucosas y protegen contra los patógenos. A través de la similitud estructural con los receptores de la superficie celular intestinal, los glucanos también inhiben la unión de patógenos, el primer paso esencial para que éstos puedan colonizar nuestro intestino. También, si la madre toma estos suplementos, parece reducirse el perfil de citoquinas inflamatorias de la leche materna, moderando así el aumento de peso excesivo durante la primera infancia, previniendo la dermatitis atópica en los niños e incluso mejora la flora vaginal materna evitando infecciones bacterianas. La disbiosis o alteración de la microbiota de la madre durante el embarazo se ha asociado a un aumento de microbios patógenos y sus metabolitos, que causarían efectos adversos tanto a nivel materno como fetal. Así pues, es prioritario asegurar que la madre toma una alimentación adecuada para mantener una buena salud de la microbiota corporal, y si es necesario puede complementarse con productos que aporten pre y probióticos de forma adicional a la dieta.

ALIMENTACIÓN INFANTIL CON PROBIÓTICOS Y PREBIÓTICOS AÑADIDOS

Está claro que la alimentación en edades tempranas tiene un impacto en la salud a largo plazo repercutiendo incluso a nivel metabólico en la edad adulta. Aunque la leche materna es el estándar perfecto, los bebés pueden alimentarse completa o parcialmente con leches de fórmula garantizando un adecuado aporte nutricional, incluso, gracias a las mejoras continuas en las fórmulas, a nivel de la salud de la microbiota.

Actualmente se siguen estudiando mejoras en las formulaciones para reducir las diferencias con la leche materna, por ejemplo, la reducción o el ajuste del contenido de proteínas, el equilibrio de componentes de la matriz lipídica y la adición de pre y probióticos. Esto último representara la adición de algunos tipos de fibra alimentaria no digeribles como los fructooligosacáridos (FOS), galactooligosacáridos (GOS), pectinas, inulina y otros carbohidratos no digeribles presentes en los vegetales, que ayudarían al crecimiento selectivo de bacterias en el intestino del lactante. La adición o suplementación de la leche del lactante con probióticos es un avance en las formulaciones, así como también la adición de combinaciones simbióticos que incorporan tanto prebióticos como probióticos.

Quedan muchas preguntas por responder sobre cómo el impacto de la composición de la fórmula infantil puede modular el metabolismo del huésped y obtener beneficios a largo plazo. La industria realiza multitud de estudios al respecto con resultados muy interesantes que permiten mejorar la alimentación en nuestros primeros meses y años de vida. Y con una mejora nutricional se puede llegar a ayudar a solventar muchas enfermedades no solo en los bebés sino en su edad adulta.

Cada vez son más los productos que se pueden encontrar en el mercado, tanto leches de fórmula como otros preparados, por ejemplo, prebióticos en forma de polvos o gotas para lactantes. Es importante que el uso de estos productos venga por la recomendación que cada pediatra considere adecuada para cada bebé. En la actualidad parece que esta recomendación es mayoritariamente y, como es lógico, para los bebés que nacen por cesárea, para aquellos cuyas madres reciben antibióticos durante el parto o la lactancia o para bebés con cólicos constantes y duraderos.

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