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Artículos farmacéuticos Nutrición | Ácido fólico: beneficios para la salud, funciones y dosificación

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Laura Isabel Arranz, doctora en nutrición, farmacéutica

El ácido fólico es una de las vitaminas del grupo B que sin duda tienen más importancia para la salud, ya que influye en el correcto funcionamiento del sistema inmunitario, del sistema nervioso o del sistema cardiovascular. A pesar de que es esencial mantener una ingesta adecuada de esta vitamina, se estima que su deficiencia es una de las más frecuentes del mundo.

El descubrimiento del ácido fólico es el resultado del minucioso trabajo de una investigadora, Lucy Wills, que en 1930 trabajaba en la India enfocada en el problema de la anemia grave en las trabajadoras textiles pobres y embarazadas. Pudo demostrar que la anemia estaba relacionada con una mala y monótona alimentación. Gracias a sus estudios en ratas, sugirió como solución el uso de suplementos hepáticos y productos para untar elaborados con levadura de cerveza en este grupo de población.

La sustancia con acción antianémica entonces era desconocida, y a lo largo de los años ha recibido nombres como vitamina M (necesaria para la hematopoyesis normal en los monos), vitamina Bc (necesaria para el crecimiento de los pollos), factor de crecimiento de Lactobacillus casei (que apoya la proliferación de Lactobacillus) y también vitamina B9. En 1941 se aisló el ácido fólico a partir de las espinacas y de ahí su nombre vigente, pues “fólico” proviene del latín “folium”.

En la actualidad, hablamos de folatos como término genérico que abarca el ácido fólico y sus derivados (compuestos dihidro, tetrahidro, metil, formil) que poseen actividad metabólica. Así, el folato o vitamina B9, se refiere a una categoría amplia de biomoléculas formadas todas ellas por subunidades de pterina, ácido paraaminobenzoico (pABA) y glutamato.

El tetrahidrofolato o THF y el 5–metil–THF son los folatos biológicamente más activos. Desempeñan un papel esencial en el metabolismo de grupos metilo que está estrechamente relacionado con la síntesis de timidina y del ADN, del aminoácido metionina, la metilación de diferentes moléculas y la transulfuración (proceso imprescindible para la detoxificación endógena y la síntesis de glutatión).

Funciones del ácido fólico

El ácido fólico desempeña un papel muy importante, entre otros, en la prevención de los defectos del tubo neural y la anemia megaloblástica, el buen funcionamiento del sistema nervioso, la replicación y supervivencia celular, así como en la reducción del riesgo de desarrollar patologías cardiovasculares y también determinados cánceres.

Actualmente se destaca su importante papel en el mantenimiento del buen funcionamiento del sistema inmunológico, tanto que la bibliografía lo considera un nutriente clave para la prevención o la resolución de la infección por SARS-CoV-2 (covid-19).

La deficiencia de folato puede causar muchos problemas de salud. Los efectos negativos de una deficiencia grave sólo se observan meses después del agotamiento de las reservas de folato. Los problemas que pueden sobrevenir son anemia macrocítica megaloblástica, debilidad y confusión, déficit de memoria, dificultad para respirar, neuropatía periférica, complicaciones del embarazo y depresión. También la hiperhomocisteinemia y el desarrollo de cáncer debido a la deficiente síntesis y reparación del ADN podrían ser problemas a largo plazo de las deficiencias de folato. Por otro lado, la hiperhomocisteinemia u homocisteína plasmática elevada es un indicador de la mala conversión de homocisteína en metionina debido a falta de folatos, concretamente de 5–tetrahidrofolato de metilo. No perdamos de vista que el exceso de homocisteína plasmática se asocia a un riesgo aumentado de enfermedad coronaria, vascular cerebral y periférica. Incluso en algunos trabajos se ha observado que la suplementación con ácido fólico en pacientes con diabetes mellitus tipo 2 ayuda a un mejor control glucémico a través de la reducción de los niveles de homocisteína.

¿Cómo obtener ácido fólico?

Al igual que las demás vitaminas, los folatos no se pueden sintetizar en las células de los mamíferos y deben obtenerse de fuentes exógenas. Curiosamente es una vitamina del grupo B que es más abundante en el reino vegetal, pues solo el hígado y los riñones de animales la contienen. Son buenas fuentes de folatos las alubias, los champiñones, las espinacas, la remolacha, la levadura, la rúcula y los canónigos, los espárragos, el brócoli y las coles de Bruselas, el aguacate, los guisantes o las naranjas, y otros alimentos, como el arroz salvaje y el arroz integral, son de los más ricos en folatos.

Los folatos activos son muy sensibles al oxígeno, la luz solar, las altas temperaturas y se oxidan fácilmente, aunque esta oxidación es inhibida por antioxidantes como el ácido ascórbico. En los alimentos cocinados puede perderse entre el 40-50%, por eso es importante aplicar los tiempos y temperaturas de cocción más ajustados posible.

En nuestro organismo hay un contenido de folatos de entre 10-30 mg y necesitamos una ingesta diaria para mantener todas las funciones de las que se hacen cargo. Los requerimientos promedios se han establecido a partir de la ingesta de folato necesaria para mantener niveles óptimos en suero y glóbulos rojos que son de ≥ 10 y 340 nmol/l, respectivamente. Estos valores son de referencia para poder valorar si estamos tomando lo necesario o, por el contrario, hace falta aumentar su ingesta.

Se estima que la deficiencia de folato es la deficiencia de vitaminas más frecuente en el mundo

La EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) ha establecido para los adultos una ingesta de referencia (IR) que va desde 120 µg de folatos al día para niños de 1 a 3 años hasta 330 µg para niños y niñas de 15 a 17 años y para adultos. Para las mujeres embarazadas, se establece una IR de 600 µg y para las mujeres lactantes de 500 µg de folatos/día.

La pregunta es, ¿consumidos un nivel adecuado de folatos? Parece que no demasiado. Según el informe ENIDE (Evaluación Nutricional de la Dieta Española), elaborado por el Ministerio de Sanidad, y el estudio ANIBES, de la Fundación Española de la Nutrición (FEN), los porcentajes de la población con ingesta insuficiente de folatos son muy altos, pudiendo estar alrededor del 80%.

De hecho, se estima que la deficiencia de folato es la deficiencia de vitaminas más frecuente en el mundo.

La suplementación recomendada actualmente suele ser de 200 µg al día para la población en general y 400 µg/día para mujeres embarazadas o en período de lactancia. Esta suplementación con ácido fólico se tomará durante el tiempo necesario para conseguir el objetivo nutricional, que es principalmente mantener sus niveles en valores adecuados o, en el caso de las embarazadas y la lactancia, cubrir la alta demanda durante esos períodos. Y es tan importante aportar una cuantía adecuada de folatos como no exceder la cantidad diaria recomendada, pues un superávit también puede tener efectos negativos en la salud humana.

La ingesta máxima diaria de folatos sin efectos adversos está establecida en 1.000 µg. A partir de esa dosis, existe riesgo de neuropatías, desarrollo anormal del sistema nervioso central en embriones o progresión del cáncer. Por ejemplo, algunos estudios muestran que, en los fumadores, una ingesta demasiado elevada de ácido fólico podría aumentar el efecto cancerígeno del tabaquismo.

El papel de la microbiota intestinal

Los datos más actuales también nos hablan de otra fuente de ácido fólico que no tiene que ver con el presente en alimentos o complementos alimenticios. La microbiota intestinal ha sido reconocida como una fuente de vitaminas del complejo B, incluido el folato. Los microorganismos producen vitaminas del complejo B, incluidas B1, B6, B12 y vitamina B9.

Parece ser que los genes involucrados en la capacidad de síntesis del ácido fólico se distribuyen entre los seis filos del microbioma humano (Actinobacteria, Bacteroidetes, Firmicutes, Proteobacteria, Fusobacteria y Verrucomicrobia), aunque sólo las cepas de Proteobacteria y, en menor grado, Firmicutes, Actinobacteria y Verrucomicrobia (68 cepas en total) son capaces de generar completamente folato de novo.

En estos trabajos se sugiere que el 13,3% de los 512 genomas bacterianos del microbioma intestinal humano contienen genes que abarcan toda la síntesis de novo de las formas de ácido fólico activas, especialmente del THF. Esta fracción considerable de microbios intestinales que contienen conjuntos completos de genes biosintéticos de folato sugiere que el microbioma sirve como un importante «órgano» generador de folato. Aunque, por otro lado, los genomas restantes (>86%) son de microorganismos que requieren folato o intermediarios de folato de otras bacterias del microbioma humano o de la dieta.

Aunque algunos trabajos han sugerido que el microbioma humano es potencialmente capaz de sintetizar el 37% de la ingesta diaria recomendada de folato para adultos no embarazadas ni lactantes, todavía estamos lejos de saber exactamente la magnitud de la aportación de la microbiota en cada persona.

Una ingesta adecuada de este nutriente esencial es muy importante para mantener la salud general, del sistema inmunitario, del sistema nervioso, del sistema cardiovascular, etc. El asesoramiento nutricional es clave para que todas las personas tengan una ingesta adecuada de ácido fólico, tanto a través de la dieta como de complementos alimenticios, para que así puedan optimizar su salud y reducir riesgos de algunas patologías en el futuro.

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