José Ramón García Soláns, farmacéutico comunitario en Zaragoza
La gota es una enfermedad inflamatoria de las articulaciones causada por el depósito de cristales de urato monosódico, producto del exceso de ácido úrico en sangre (hiperuricemia). Esta forma de artritis, que ha sido reconocida desde la antigüedad, se caracteriza por episodios de dolor agudo, enrojecimiento e hinchazón en una o más articulaciones. Aunque históricamente se asociaba a excesos alimentarios y al estilo de vida de las clases altas, hoy se sabe que la gota está relacionada con múltiples factores, tanto genéticos como ambientales, y que su control adecuado puede prevenir complicaciones y mejorar significativamente la calidad de vida del paciente.
A pesar de los avances en el conocimiento de la enfermedad y la sencillez del manejo, no más del 30% de los enfermos están bien tratados. En España la gota afecta al 2,5% de la población y su incidencia está en aumento. Es una enfermedad que, si no se trata a tiempo, puede cronificarse.
Causas y factores de riesgo
El ácido úrico es un producto de desecho del metabolismo de las purinas, sustancias presentes en muchos alimentos y también generadas por el propio cuerpo. Cuando su concentración en sangre supera los 6,8 mg/dL, puede cristalizar y depositarse en las articulaciones, provocando inflamación.

Las causas pueden dividirse en:
- Disminución de la excreción renal: es la causa más habitual (85%) y se asocia a insuficiencia renal, hipertensión, uso de diuréticos tiazídicos o ácido acetilsalicílico a bajas dosis.
Factores comunes:
– Insuficiencia renal crónica.
– Medicamentos (diuréticos tiazídicos, ácido acetilsalicílico a baja dosis, ciclosporina, etc.).
– Hipertensión, síndrome metabólico.
– Edad avanzada.
- Producción aumentada de ácido úrico (10%): más frecuente en enfermedades hematológicas como leucemias, tratamientos oncológicos, o consumo excesivo de carnes rojas, vísceras y mariscos.
Factores:
– Enfermedades mieloproliferativas (leucemias, linfomas).
– Psoriasis extensa.
– Ejercicio extenuante, ayuno prolongado.
– Dieta extremadamente rica en purinas (menos frecuente en la práctica real).
– Mutaciones genéticas enzimáticas raras (síndrome de Lesch-Nyhan, déficit de hipoxantina-guanina fosforribosiltransferasa). - Mixtos o indeterminados: 5%
– Algunos pacientes presentan ambos mecanismos combinados, especialmente si tienen comorbilidades como obesidad, enfermedad renal crónica y tratamiento farmacológico.
Los factores genéticos, metabólicos y las comorbilidades frecuentes en los pacientes con gota influyen mayoritariamente en la disminución de la excreción renal de ácido úrico, aunque algunos pueden contribuir también al aumento de su producción. A continuación, se muestra una tabla que resume el mecanismo principal por el que actúan estos factores:

Síntomas y diagnóstico
El síntoma más característico de la gota es el ataque agudo de artritis, que suele aparecer de forma repentina, a menudo durante la noche, y afecta con frecuencia al dedo gordo del pie (podagra).
Podagra es el término clínico que designa la artritis aguda del primer dedo del pie (articulación metatarsofalángica del hallux), y es la manifestación más típica y característica de la gota.
¿Qué ocurre en la podagra?
- Inicio brusco: el dolor aparece de forma súbita, frecuentemente durante la noche o en las primeras horas de la mañana.
- Dolor intenso e invalidante: suele describirse como “intolerable al roce de la sábana”.
- Signos inflamatorios clásicos: enrojecimiento, hinchazón, calor local y limitación funcional.
- Duración: sin tratamiento, el episodio puede durar entre 5 y 10 días; con tratamiento adecuado, se acorta notablemente.
¿Por qué afecta al dedo gordo del pie?
- Temperatura más baja: favorece la precipitación de cristales de urato.
- Mayor estrés mecánico: la articulación soporta presión y microtraumatismos.
- Históricamente descrito como la «gota clásica» aparece en hasta el 70% de los primeros episodios.
Diagnóstico diferencial
Aunque muy sugestiva de gota, la podagra puede confundirse con:
- Artritis séptica
- Artritis psoriásica
- Traumatismo local
- Celulitis (si la inflamación es muy difusa)
Por eso, en casos atípicos o si hay fiebre o signos generales, puede ser necesaria la artrocentesis para confirmar cristales de urato y descartar infección.
Los síntomas incluyen:
- Dolor articular muy intenso.
- Hinchazón.
- Enrojecimiento y calor local.
- Limitación funcional.
Si no se trata adecuadamente, la gota puede evolucionar hacia formas más graves, con aparición de tofos (depósitos de cristales visibles bajo la piel), afectación de varias articulaciones y daño estructural irreversible.
El diagnóstico se realiza mediante evaluación clínica, analítica de sangre (niveles de ácido úrico), y confirmación por microscopía del líquido sinovial, en el que se observan cristales de urato. La ecografía articular también puede detectar depósitos de urato incluso en fases asintomáticas.
Incidencia y prevalencia
Prevalencia
- Según el estudio EPISER 2016 de la Sociedad Española de Reumatología (SER), alrededor del 2,4% de la población adulta española sufre gota (cerca de 800.000–880.000 personas).
- El mismo estudio muestra una diferencia por género: 4,55% en hombres frente a 0,38% en mujeres adultos.
- Algunas fuentes clínicas secundarias reportan una prevalencia más alta, del 3,3% en muestras adultas. Sin embargo, el valor más fiable para nuestros objetivos es el 2,4 % del EPISER.
- La prevalencia aumenta con la edad: entre los mayores de 60 años representa más del 66 % de los casos.
Incidencia
- Datos del registro clínico multicéntrico (2003–2007) estiman una incidencia acumulada de unos 1,1 casos nuevos por cada 1.000 habitantes al año.
- A nivel global, se sitúa en rangos de 0,5 a 3,0 casos por 1.000 personas/año, según revisiones epidemiológicas recientes.

Implicaciones en la práctica:
- Aunque hablamos de una prevalencia baja en términos absolutos, la gota afecta a cientos de miles de adultos en España.
- Su aumento con la edad hace que sea más frecuente en ≥60 años, especialmente en varones.
- La incidencia de 1,1 casos/1.000/año confirma que cada año surgen nuevos pacientes que podrían beneficiarse de diagnóstico precoz y tratamiento efectivo.
- Reconocer estas cifras es útil para priorizar intervenciones desde la atención comunitaria y mejorar la detección temprana.
Tratamiento de la crisis aguda
El objetivo del tratamiento de una crisis aguda es aliviar el dolor y reducir la inflamación lo antes posible. Las opciones disponibles en España incluyen:
- Colchicina: fármaco de primera elección si se administra en las primeras 12-36 horas. Se inicia con 1 mg seguido de 0,5 mg cada hora hasta una dosis máxima de 3 mg/día. Su uso prolongado no está indicado por su toxicidad gastrointestinal.
- Antiinflamatorios no esteroideos (AINEs): como naproxeno, indometacina, ibuprofeno o etoricoxib. Son eficaces, pero deben evitarse en pacientes con insuficiencia renal o riesgo cardiovascular.
- Corticoides: prednisona oral o inyección intraarticular (metilprednisolona o triamcinolona) en caso de monoartritis o contraindicaciones a otros tratamientos.
Durante la crisis, no se debe iniciar tratamiento hipouricemiante, aunque sí puede mantenerse si ya estaba instaurado previamente.
Prevención y tratamiento crónico
El tratamiento preventivo busca reducir los niveles de ácido úrico sérico por debajo de 6 mg/dL para evitar la formación de nuevos cristales y disolver los ya existentes.
Fármacos hipouricemiantes (disponibles en España):
- Alopurinol: inhibidor de la xantina oxidasa. Es la primera opción y debe iniciarse con dosis bajas (100 mg/día), aumentando progresivamente según tolerancia y niveles de ácido úrico.
- Febuxostat: inhibidor más potente, útil en pacientes con intolerancia o mala respuesta a alopurinol. No requiere ajuste renal.
- Benzbromarona: uricosúrico que aumenta la excreción renal de urato. Se recomienda en pacientes con buena función renal y baja eliminación urinaria.
Durante los primeros meses de tratamiento hipouricemiante, se recomienda añadir profilaxis con colchicina (0,5-1 mg/día) o AINEs para evitar crisis por movilización de urato.
La dieta como herramienta terapéutica
La dieta desempeña un papel fundamental en el manejo de la gota, tanto para prevenir ataques como para facilitar el control de los niveles de ácido úrico. Aunque por sí sola no basta, una alimentación adecuada puede reducir la necesidad de medicación o complementar su efecto.
Cuando me explicaron los tratamientos de la gota de cuarto de carrera (ha llovido mucho desde entonces) me dieron la recomendación de “evitar el marisco, lo maduro, lo conservado y lo curado”.
Esa “receta” podría ser útil en algunos aspectos, pero no cubre por completo las necesidades de una dieta adecuada para personas con gota. Vamos a desglosar la idea y cómo encaja con las recomendaciones dietéticas para esta enfermedad:
- Alimentos curados o conservados
- ¿Por qué evitarlos? Muchos alimentos curados (como embutidos, carnes procesadas y algunos quesos) suelen tener un contenido elevado de purinas, sal y grasas saturadas. Además, los conservantes y aditivos pueden no ser ideales para personas con gota o enfermedades asociadas, como hipertensión o problemas renales.
- ¿Qué alimentos evitar? Embutidos, carnes secas o ahumadas, pescados en salazón (como bacalao) y quesos añejos.
- ¿Qué consumir? Optar por carnes y pescados frescos en porciones moderadas (pollo, pescado blanco), y lácteos bajos en grasa, que incluso podrían tener un efecto protector contra la gota.
- Alimentos maduros
- ¿Es necesario evitarlos? La madurez de las frutas y verduras no suele influir directamente en la gota. De hecho, muchas frutas maduras, como cerezas, manzanas y cítricos, son beneficiosas porque ayudan a reducir el ácido úrico. La confusión podría venir de alimentos fermentados (que a veces se consideran «maduros») o con alto contenido de azúcar (como frutos muy sobremaduros).
- ¿Qué alimentos evitar? Frutas sobremaduras o en almíbar, pero no hay necesidad de evitar frutas maduras per se.
- ¿Qué consumir? Frutas frescas como cerezas (que son especialmente recomendadas), fresas, manzanas y plátanos. Las verduras son clave, incluso las ricas en purinas como espinacas o setas, ya que no se ha comprobado que aumenten los ataques de gota.
- Alimentos fermentados
– Algunos alimentos fermentados (como ciertos quesos, salsas o bebidas como la cerveza) pueden ser problemáticos porque contienen purinas o desencadenan la producción de ácido úrico. Sin embargo, alimentos fermentados sin proteínas animales, como el miso o el yogur natural, suelen ser seguros.
Conclusión sobre la regla «nada maduro, curado o conservado»
- Es parcialmente útil: evita alimentos curados y conservados ricos en purinas, pero eliminar todos los alimentos maduros no es necesario ni recomendable. De hecho, muchas frutas y verduras maduras son beneficiosas.
- Enfoque práctico y balanceado:
· Limitar: Carnes rojas, embutidos, pescados azules grasos (como sardinas y anchoas), alcohol (sobre todo cerveza y licores) y bebidas azucaradas.
· Priorizar: Frutas frescas (cerezas, cítricos), verduras (incluso las ricas en purinas), lácteos bajos en grasa, cereales integrales y suficiente agua.
La clave es mantener una dieta equilibrada y supervisada para adaptarla a cada persona.
Resumen a modo de cuestionario
¿Se puede erradicar la gota?
No, la gota no se puede erradicar como enfermedad en sí misma.
No es una infección ni una enfermedad transmisible que se pueda eliminar poblacionalmente como, por ejemplo, la viruela. La gota es una enfermedad crónica no transmisible, causada por factores metabólicos, genéticos, dietéticos y farmacológicos. Por tanto:
- No se puede erradicar de la población.
- Pero sí se puede eliminar por completo del individuo en muchos casos si se trata de forma adecuada.
¿Se puede curar en el paciente individual?
Sí… funcionalmente, en muchos casos. Si el paciente mantiene un tratamiento hipouricemiante bien ajustado, consigue niveles de ácido úrico < 6 mg/dL de forma sostenida y evita nuevos depósitos de urato, puede considerarse que:
- No tiene ataques agudos.
- Los tofos desaparecen progresivamente.
- La función articular se conserva.
- La calidad de vida se normaliza.
Esto se traduce en una “curación funcional”, aunque en realidad hablamos de remisión completa.

¿Qué hace falta para conseguirlo?
- Tratamiento hipouricemiante individualizado
· Alopurinol, febuxostat o benzbromarona, según tolerancia y perfil renal.
· Objetivo: ácido úrico < 6 mg/dL (y < 5 si hay tofos).
- Control de comorbilidades
· HTA, DM2, obesidad, dislipemia…
- Dieta adecuada y abandono del alcohol
· Evitar purinas, fructosa y cerveza.
- Buena adherencia terapéutica
· Aquí los farmacéuticos tenemos mucho que aportar.
- Educación del paciente
· Saber que la gota es controlable y no resignarse a “sufrir ataques de vez en cuando”.
¿Qué NO funciona (o no está demostrado)?
- Suplementos milagrosos (algunos incluso pueden ser hepatotóxicos).
- Dosis elevadas de vitamina C (el efecto uricosúrico es leve y discutido).
- Homeopatía (sin evidencia científica).
- Bicarbonato o productos “alcalinizantes” de moda (pueden alterar el equilibrio ácido-base si se abusa).
¿Qué impide que se erradique?
- Diagnóstico tardío o incompleto.
- Falta de tratamiento hipouricemiante mantenido.
- Miedo a alopurinol (infundado en la mayoría de pacientes).
- Adherencia baja, especialmente en pacientes asintomáticos entre crisis.
- Escasa conciencia clínica sobre la importancia de tratar la hiperuricemia incluso sin ataques agudos.
En resumen

Conclusión
La gota es una enfermedad perfectamente controlable si se aborda de forma integral. La combinación de tratamiento farmacológico, cambios en el estilo de vida y educación sanitaria permite prevenir las crisis, evitar complicaciones articulares o renales y mejorar significativamente la calidad de vida del paciente. El papel de los farmacéuticos comunitarios puede ser clave para detectar la enfermedad, iniciar el tratamiento adecuado, y garantizar el seguimiento y la adherencia terapéutica.
La siguiente vez que dispenses alopurinol, colchicina o febuxostat, fíjate en si el paciente se ajusta al perfil antes descrito. Y explícale lo que consideres oportuno de este artículo.
Bibliografía
Quilis N, Sivera F, Seoane-Mato D, Pérez-Ruiz F, Sánchez-Piedra C, Díaz-González F, Bustabad-Reyes S; Working Group Proyecto EPISER2016. Prevalence of gout in the adult general population in Spain: estimating the proportion of undiagnosed cases. Joint Bone Spine. 2021:105257. doi: 10.1016/j.jbspin.2021.105257.
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