“¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción;
y el mayor bien es pequeño,
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.”
Con “sueños son”, ¿quería Calderón decirnos que era algo de fantasía, inalcanzable? ¿Qué es más real: lo que vivimos o lo que soñamos? A veces son pesadillas de las que nos alegramos de despertar, a veces, ¿anhelos irreales?
En la Biblia, los sueños anticipan destinos y pactos divinos; en Alicia en el país de las maravillas es un viaje onírico que desarma la lógica adulta; para Poe, en su “Sueño dentro de un sueño” (con o sin la banda sonora de Alan Parsons), es arena que se escurre entre los dedos, epifanía de lo inasible. ¿Sueñan los androides con ovejas metálicas? Relato de Philip K. Dick que da lugar a Blade Runner.
Vale, creo que queda claro que, incluso sin haber incluido el “Sueño de una noche de verano”, los seres humanos valoramos el sueño. Y el fisiológico lo necesitamos incluso más.
¿Para qué necesitamos dormir?
El sueño, más que un “descanso”, es el equipo nocturno de mantenimiento integral.
Mientras dormimos, el cuerpo y el cerebro se ponen manos a la obra en una lista de tareas que no pueden ejecutarse durante la vigilia.
El cerebro: limpieza, reorganización y reciclaje
Durante el sueño, especialmente en las fases profundas (N3) y REM, el cerebro realiza una auténtica limpieza neuroquímica:
- Sistema glinfático*: se abre el drenaje del líquido cefalorraquídeo y “lava” los desechos neuronales (como proteínas beta-amiloides, implicadas en el Alzheimer).
- Consolidación de la memoria: las experiencias del día se reordenan y archivan; se desechan datos irrelevantes.
· El hipocampo “exporta” recuerdos a la corteza. - Plasticidad sináptica: se refuerzan conexiones útiles y se debilitan las redundantes.
- Sueños REM: integran emociones, creatividad y aprendizaje (por eso a veces “resolvemos” un problema al dormir).
- Regulación emocional: el sueño equilibra la respuesta al estrés y modula la amígdala.


Músculos y tejidos: reparación y regeneración
Durante la vigilia, estamos en modo “gasto”.
Al dormir, cambiamos a modo “reparación”:
- Liberación de hormona del crecimiento (GH): repara tejidos, estimula síntesis proteica y regeneración muscular
- Recuperación y regeneración celular.
- Se reponen reservas de glucógeno en hígado y músculo.
- Se regula el metabolismo energético.
Hígado y metabolismo: el turno de noche bioquímico
El hígado trabaja intensamente mientras dormimos:
- Síntesis de colesterol y ácidos biliares: durante el reposo, el hígado fabrica colesterol endógeno, necesario para hormonas esteroideas y membranas celulares.
· Por eso las estatinas de vida corta (simvastatina, lovastatina, fluvastatina) se administran por la noche, coincidiendo con el pico fisiológico de síntesis. - Reposición de glucógeno hepático.
- Regulación de la sensibilidad a la insulina.
- Ajuste hormonal (leptina, grelina, cortisol, melatonina).
- Mantenimiento de la homeostasis energética.
Corazón y sistema vascular: el descanso del motor
- Durante el sueño profundo, la presión arterial puede bajar un 10-20% (el llamado “fenómeno dipper”).
- El corazón recupera su tono parasimpático, reduciendo la carga adrenérgica.
- Disminuye la frecuencia cardíaca y el consumo miocárdico de oxígeno.
- El ritmo circadiano cardiovascular se reajusta: el aumento matutino de cortisol y presión prepara el despertar.
- La privación crónica de sueño se asocia con hipertensión, arritmias y mayor riesgo coronario.
Sistema inmunitario: la guardia nocturna
- Se potencia la respuesta inmunitaria adaptativa: proliferan linfocitos y se “ensayan” nuevas defensas.
- Dormir bien tras una vacunación mejora la producción de anticuerpos.
- En caso de infección, el cuerpo “pide” dormir más: la somnolencia forma parte de la respuesta inflamatoria.
- El sueño actúa como un turno nocturno de reparación inmunológica.
A nivel global: sincronía circadiana
El reloj biológico (núcleo supraquiasmático) coordina todos estos procesos con la luz y la oscuridad.
El sueño no es solo descanso: es mandar el sistema a la ITV, para un reseteo y actualización.
En resumen:
- Durante el sueño el cuerpo:
- Limpia el cerebro.
- Repara tejidos.
- Consolida la memoria.
- Refuerza defensas.
- Ajusta hormonas y metabolismo.
- Sintetiza colesterol y reequilibra el metabolismo hepático.
- Protege el corazón.
- Y equilibra la mente y las emociones.

Insomnio: el papel esencial del farmacéutico comunitario
El insomnio es una de las consultas más habituales en la farmacia comunitaria y plantea un reto doble: detectarlo a tiempo y orientar bien al paciente, combinando consejo, prudencia y derivación cuando procede. Vamos a repasar su magnitud, causas, abordaje y el papel del farmacéutico en mejorar el descanso —y con él, la calidad de vida— de quienes lo sufren.
¿Cuán frecuente es el insomnio?
El insomnio afecta en algún momento del año a un 40–43 % de los adultos españoles, y el insomnio crónico alcanza al 10–14 %. Su frecuencia aumenta con la edad y es más habitual en mujeres.
Estas cifras lo convierten en un auténtico problema de salud pública, con impacto físico, mental y social.
Dormir mal no mata, pero desgasta sistemáticamente la salud.
Tipos y causas: no todos los insomnios son iguales
Para poder orientar bien, conviene distinguir tanto la duración como la causa:
Según la duración:
- Transitorio (días) → estrés puntual, viajes, ruido, calor.
- Corta duración (menos de 3 semanas) → cambios vitales, duelos, hospitalización.
- Crónico (más de 3 semanas) → enfermedades físicas o psiquiátricas, fármacos, malos hábitos o sin causa aparente.
Según la etiología:
- Primario (≈ 20 %): sin patología de base clara.
- Secundario o comórbido (≈ 80 %): asociado a ansiedad, depresión, enfermedades crónicas, consumo de fármacos, alcohol, cafeína o factores ambientales.
Entre los desencadenantes cotidianos destacan el estrés, las preocupaciones laborales o familiares, los cambios de turno y el uso abusivo de pantallas por la noche. En adolescentes, esto último es prácticamente epidemia.

El cuerpo mientras dormimos
Cerebro
- Limpieza glinfática: elimina desechos neuronales.
- Consolidación de memoria y aprendizaje.
- Regulación emocional.
- Sueño REM.
Músculos y tejidos
- Liberación de hormona del crecimiento (GH).
- Regeneración de tejidos y recuperación muscular.
Hígado y metabolismo
- Síntesis de colesterol y ácidos biliares.
- Reposición de glucógeno hepático.
Sistema inmunitario
- Incremento de citoquinas pro-defensa
- Favorece la memoria inmunológica
Corazón y sistema vascular
- Disminuye la frecuencia cardíaca y la presión arterial.
- Reducción del tono adrenérgico.
- Mantenimiento del ritmo circadiano cardiovascular.
Balance general
- Limpieza glinfática, memoria, emociones.
- GH ↑, melatonina ↑, cortisol ↓.
- Síntesis de colesterol, glucógeno, regulación insulina.
- Descenso tensión y FC.
- Activación linfocitaria.
- Reparación proteica.
Detección activa y cuándo derivar
El farmacéutico comunitario es, muchas veces, el primer profesional sanitario al que el paciente comenta que “no duerme bien”.
Una conversación breve, pero dirigida, puede revelar mucho:
- ¿Desde cuándo duerme mal?
- ¿Se despierta o le cuesta conciliar el sueño?
- ¿Toma medicación, cafeína o alcohol con
- frecuencia?
- ¿Cómo afecta a su día (somnolencia, irritabilidad, falta de concentración)?
Ante insomnio crónico, severo o resistente a medidas iniciales, o cuando hay sospecha de patología de base o uso continuado de hipnóticos, la derivación médica no es opcional: es imprescindible.
Consejo no farmacológico: la base del tratamiento
El primer paso siempre es la higiene del sueño, y aquí la educación sanitaria del farmacéutico marca la diferencia.
Algunos recordatorios infalibles:
- Mantener horarios regulares, incluso fines de semana.
- Evitar siestas largas y ejercicio intenso antes de acostarse.
- Reducir cafeína, alcohol y comidas copiosas por la noche.
- Crear un entorno oscuro, fresco, silencioso y cómodo.
- Practicar técnicas de relajación o respiración.
- Apagar pantallas al menos una hora antes de dormir.
Estas medidas parecen simples, pero aplicadas con constancia resuelven una buena parte de los casos leves o transitorios.
Productos disponibles en farmacia
Cuando las medidas no bastan o se trata de un insomnio leve o transitorio, el farmacéutico comunitario puede recomendar determinados productos, siempre tras una valoración individual.
Melatonina
- Regula el ritmo circadiano sueño-vigilia.
- Indicada en jet lag, trabajo nocturno o desajustes horarios.
- Actúa como cronobiótico (sin efecto hipnótico inmediato).
- No crea dependencia, aunque su efecto es gradual.
Triptófano
- Precursor de serotonina y melatonina.
- Mejora el descanso de forma indirecta, especialmente en estrés o ánimo bajo.
- Seguro a corto-medio plazo, sin somnolencia residual.
Fitoterapia
- Valeriana, pasiflora, melisa o amapola de California: sedantes suaves que facilitan la relajación.
- La valeriana modula receptores GABA.
- Útiles en insomnio leve por nerviosismo o estrés.
- Precaución con la combinación con otros depresores del SNC.
Antihistamínicos sedantes
- Doxilamina o difenhidramina, de uso puntual.
- Mantienen la arquitectura del sueño, sin rebote, pero uso limitado.
- Siempre bajo consejo farmacéutico.
Y si con eso no basta hay que pasar por el médico para poder usar:
Benzodiacepinas e hipnóticos
- Muy empleados en España; actúan sobre receptores GABA.
- Riesgo de dependencia, tolerancia, somnolencia residual, deterioro cognitivo, caídas por alteración del equilibrio… sobre todo en mayores.
- Siempre dosis mínima eficaz y duración corta, bajo control médico.
Casualmente son los fármacos que nunca les sobran cuando vienen a retirarlos de la receta electrónica; pueden “quedar en casa” el del colesterol, el de la depresión, el de “la sangre”… pero el de dormir, no. Ese es el más necesario para el paciente. Y los analgésicos, claro.
Otro apunte sobre pacientes que usan las BZD: en todos los prospectos dice que deben de usarse “el menor tiempo posible” y lo cifran en “entre 8 y 12 semanas”. Ahora preguntar a la señora que tenéis al otro lado del mostrador cuantos años lleva usándolo. ¡Imposible retirarlo!
Más de las BZD: los efectos secundarios del uso a largo plazo pueden ir desde los citados antes a cosas más serias: noctambulismo y alucinaciones por Zolpidem, o parkinsonismo iatrogénico no reversible por Alprazolam (y Sulpirida, aunque no se emplee para el insomnio)
Última: los psiquiatras suelen decir que es insomnio si cuesta conciliar el sueño. Y prescriben hipnóticos: Lormetazepam y Zolpidem. Los demás que estamos dispensando —pensar en todas las demás benzodiacepinas— son ansiolíticos. Y si el paciente concilia el sueño, pero se despierta a las dos o tres horas, eso es síntoma de depresión. Que se trata con ansiolíticos hasta que el antidepresivo haga efecto; de ocho a doce semanas.
¿No os entran ganas de deprescribir benzodiacepinas?
Antagonistas duales de la orexina (DORA)
La gran novedad para insomnio crónico: fármacos como daridorexant, que bloquean los receptores OX1R y OX2R de la orexina, la sustancia que mantiene la vigilia.
Permiten conciliar y mantener un sueño fisiológico, respetando las fases profundas y REM.
No producen dependencia ni síndrome de abstinencia, y conservan la lucidez diurna.
El inconveniente: precio elevado y necesidad de receta, sin financiación.
Pero, cuanto más los conocemos, más prometedores resultan. Eso sí, el nombre parece elegido por un comité de insomnes con sentido del humor negro.
Interacciones relevantes
- Melatonina: riesgo bajo; posible potenciación de anticoagulantes o hipnóticos.
- Fitoterapia: puede potenciar sedantes, alcohol y benzodiacepinas.
- Antihistamínicos: suman somnolencia con otros depresores del SNC.
- Benzodiacepinas: cuidado con alcohol, opioides, antipsicóticos, antidepresivos y anestésicos —especial precaución en ancianos.

Fuente: National Sleep Foundation, American Academy of Sleep Medicine y Sociedad Española de Sueño.

Fuente: National Sleep Foundation, American Academy of Sleep Medicine y Sociedad Española de Sueño.

Fuente: National Sleep Foundation, American Academy of Sleep Medicine y Sociedad Española de Sueño.
Conclusión
El insomnio es un problema común, visible y tratable desde la farmacia comunitaria.
La detección precoz, los consejos de higiene del sueño y el conocimiento de los productos disponibles permiten al farmacéutico desempeñar un papel decisivo en el descanso y bienestar de sus pacientes.
Y cuando el problema se cronifica o escapa de nuestro alcance, la derivación médica oportuna es parte de la buena praxis.
Dormir bien no es un lujo. Es —como decíamos antes— la ITV nocturna del cuerpo, su momento de reseteo y actualización.
“El sueño no es un disparate, sino un texto que debe leerse en su propio idioma.”
— Sigmund Freud, 1900
(Que vaya negocio hizo con el sueño)
*El sistema glinfático
Es uno de esos hallazgos que hace unos años no existía en los libros de fisiología y hoy nos obliga a replantear cómo entendemos el sueño y el cerebro.
Vamos por partes, con detalle científico pero claro.
El sistema glinfático (de glía + linfático) es un mecanismo de drenaje cerebral descubierto en 2012 por Maiken Nedergaard y su equipo en la Universidad de Rochester.
Durante mucho tiempo se pensaba que el cerebro no tenía sistema linfático propio (como el resto del cuerpo), pero se ha visto que las células gliales —en concreto, los astrocitos— cumplen esa función.
Es el “servicio de limpieza nocturno” del cerebro, encargado de eliminar los residuos metabólicos acumulados durante la vigilia.
¿Cómo funciona?
Durante el sueño profundo (fases N3), las células cerebrales se contraen un 60%.
Esto aumenta el espacio intercelular, permitiendo que el líquido cefalorraquídeo (LCR) fluya con más facilidad entre las neuronas.
Ese flujo de LCR entra por las arterias y sale por las venas, arrastrando con él productos de desecho.
La acuaporina-4 (AQP4), un canal de agua presente en las membranas de los astrocitos, es clave: actúa como “puerta hidráulica” que regula ese lavado.
El líquido “sucio” finalmente drena hacia los senos venosos y los vasos linfáticos meníngeos, descubiertos en 2015, y de ahí al sistema linfático cervical.
¿Qué elimina el sistema glinfático?
Principalmente:
- β-amiloide y proteína tau fosforilada, asociadas con Alzheimer y otras demencias.
- Metabolitos oxidativos y restos del metabolismo neuronal.
- Exceso de neurotransmisores o iones.
- Productos inflamatorios.
- En vigilia, ese sistema funciona mucho peor.
Por eso, si dormimos poco, el cerebro se “ensucia” literalmente, y eso se correlaciona con deterioro cognitivo, fatiga y envejecimiento neuronal acelerado.
¿Por qué solo durante el sueño?
Porque solo al dormir:
- se reduce la noradrenalina, lo que permite la expansión del espacio intercelular;
- el cerebro entra en modo mantenimiento, bajando su consumo energético;
- y las ondas lentas del sueño profundo actúan como un bombeo rítmico del LCR.
En estado de vigilia, la actividad neuronal impide esa expansión, así que el sistema glinfático queda en “modo pausa”.
Datos curiosos y clínicos
- En privación crónica de sueño, se acumulan proteínas neurotóxicas.
- En modelos animales, un solo día sin dormir aumenta los depósitos de β-amiloide.
- Se investiga su papel en Parkinson, ELA, migraña y traumatismos craneales.
- La posición lateral (de lado) durante el sueño favorece el drenaje glinfático.
En resumen:

El sueño profundo es, realmente, la sesión de lavado del cerebro, no lo que hacen las sectas y los políticos.
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