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Actualidad Noticias | Las mujeres trabajadoras enfrentan una escasez crónica de tiempo que afecta a su salud

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La falta de horas disponibles para actividades personales y de ocio, después de cumplir con responsabilidades tanto remuneradas como no remuneradas, se ha convertido en una realidad común para ellas. Este fenómeno, conocido como la «pobreza del tiempo», está estrechamente ligado a problemas de salud mental, calidad deficiente del sueño y niveles bajos de actividad física.

Un estudio llevado a cabo por la Agencia de Salud Pública de Barcelona ha arrojado luz sobre las disparidades de género en esta problemática, así como sobre los factores que la causan y su impacto en la salud. La investigación, publicada en el Journal of Epidemiology & Community Health, señala que aquellos individuos considerados «pobres de tiempo» son aquellos que dedican más de 67,3 horas semanales al conjunto de trabajo remunerado y no remunerado, que incluye labores de cuidado y domésticas.

Los resultados de este estudio, basados en datos de 713 mujeres y 695 hombres asalariados de entre 16 y 64 años, revelan que las mujeres tienen una mayor probabilidad de experimentar esta situación, lo cual está correlacionado con peores resultados en términos de salud.

Mientras que los hombres tienden a dedicar más tiempo al trabajo remunerado, las mujeres enfrentan jornadas más extensas debido al tiempo dedicado a desplazamientos, trabajo doméstico y de cuidado, tanto dentro como fuera del hogar.

Además, se observa que la pobreza del tiempo aumenta considerablemente en ambos sexos con el número de hijos, fenómeno que se explica en parte por la división tradicional de roles de género, donde el aumento de descendientes suele implicar un mayor tiempo dedicado al trabajo remunerado por parte de los hombres, y a las labores domésticas y de cuidado por parte de las mujeres.

En términos de impacto en la salud, se encontró que en los hombres la pobreza del tiempo no está asociada con ninguno de los indicadores analizados, mientras que en las mujeres se relaciona con una peor salud mental, escasez de tiempo libre, mala calidad del sueño y niveles bajos de actividad física.

Este estudio sugiere que el uso del tiempo puede ser un determinante social crucial para la salud y las desigualdades de género asociadas. Esto se debe, en parte, al desproporcionado trabajo doméstico y de cuidado realizado por las mujeres, así como a la mayor prevalencia de actividades multitarea.

Para abordar esta problemática, los autores proponen políticas que reconozcan, reduzcan y redistribuyan el trabajo no remunerado de cuidado, por ejemplo, a través de iniciativas locales que mejoren los servicios públicos para el cuidado de personas dependientes.

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Halley
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