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Noticias Actualidad | La falta de sueño está vinculada al aumento de peso en niños

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Dormir es un componente esencial para un desarrollo saludable y el bienestar general en la infancia. Además, es importante para el aprendizaje, la memoria y el comportamiento en la escuela. Un estudio desarrollado por el Departamento de Nutrición, Ciencias de la Alimentación y Gastronomía de la Universitat de Barcelona, con el patrocinio de Laboratorios Ordesa, concluye que acostarse tarde, dormir poco y/o tener un sueño de mala calidad se asocian significativamente con una baja adherencia a la dieta mediterránea y con un mayor índice de masa corporal (IMC) en niños y niñas. 

El estudio ALEXIS ha evaluado el impacto de los horarios de sueño en la alimentación y la actividad física de los niños y niñas en edad escolar. Liderado por las Dras. Izquierdo y Zerón, el estudio se ha realizado a partir de una muestra de más de 500 estudiantes entre 5 y 12 años. Los resultados han confirmado que los niños que duermen menos horas consumen con mayor frecuencia dulces y golosinas, por lo que su alimentación es menos saludable que aquellos con buenos hábitos de sueño.

Y es que, según la Asociación Mundial de Medicina del Sueño (WASM), los problemas para dormir constituyen una epidemia global que amenaza la salud y la calidad de vida de más del 45% de la población mundial. La falta de sueño tiene impactos altamente perjudiciales para la salud, tanto a nivel físico como mental y, además, puede inducir a una peor alimentación.

Cuando no dormimos, se suelen escoger alimentos más apetecibles (ricos en grasas y/o azúcares) pero que son poco saludables, ya que nos producen sensaciones placenteras que nos “compensan”, de alguna forma, el cansancio o el malestar que podemos sentir por no haber dormido bien. Por ello, entre otras, la falta de sueño está vinculada al aumento de peso.

Los resultados apuntan que “la relación entre el sueño y la obesidad también está influenciada por el comportamiento alimentario, que es el que conduce nuestras elecciones sobre qué y cuánto comer”, señala la Dra. Zerón. Asimismo, se encontró una asociación estadísticamente significativa entre acostarse tarde y el hábito de saltarse el desayuno. “Esto está en línea con otros estudios, en niños y adolescentes, que demuestran que los que se acuestan tarde prefieren dormir más en lugar de desayunar”, señala la Dra. Izquierdo.

La sensación de hambre suele retrasarse en las personas que tienen un patrón de sueño nocturno, lo que explicaría también porque los niños que se acuestan y se despiertan más tarde suelen saltarse el desayuno. A pesar de ello, este hábito no debería fomentarse en los niños ya que saltarse el desayuno es un factor de riesgo para la obesidad en población general.

Las autoras concluyeron que “cuánto mayores son los problemas de sueño, mayores son también las probabilidades que tienen los niños de comer más cuando están expuestos a alimentos apetecibles y, por tanto, presentar un mayor IMC”. Estos resultados son coincidentes con otros trabajos de investigación en adultos, los cuales también demuestran que los comportamientos alimentarios que promueven la ingesta de alimentos (como la alimentación emocional) tienen un impacto significativo en la relación que tienen el sueño y la obesidad.  

  

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